Cuando la luz que brilla en su interior lucha por surgir a través de las enormes ventanas cubiertas de hielo, ambiciosa y soberbia quiere acaparar el espectáculo nocturno, revelando formas increíbles de cristales y destellos luminosos. Mientras el cielo coopera con su temible oscuridad y sus lúgubres nubes y al fondo el lago como testigo, cruje y se congelan.

Los faros son trascendentales para la navegación y al igual que otras construcciones —debido a los avances tecnológicos a lo largo del tiempo y a los paisajes naturales donde se han edificado— fascinantes unos e inhóspitos otros, se han convertido en maravillosas obras de arquitectura, superando en cuantía la razón de su creación tal es el caso del famoso y sorprendente Faro de St. Joseph en Michigan Estados Unidos. 

El%2BFaro%2Bde%2BSt%2BJoseph%2Ben%2BMichigan%2BEEUU.jpg

Ubicado en el Parque Tiscornia en el Condado de St. Joseph Su nombre completo es St. Joseph North Pier, construido en 1844; un gran muelle conduce a él y aunque su edificación parece sencilla sufre una fascinante transformación en invierno cuando es cubierto totalmente de hielo, como una enorme figura fantasmagórica emerge anunciando las inclemencias de la época y de la noche.

Cuando la luz que brilla en su interior lucha por surgir a través de las enormes ventanas cubiertas de hielo, ambiciosa y soberbia quiere acaparar el espectáculo nocturno, revelando formas increíbles de cristales y destellos luminosos. Mientras el cielo coopera con su temible oscuridad y sus lúgubres nubes y al fondo el lago como testigo, cruje y se congelan. La mirada del espectador se pasma ante esta maravillosa exposición, caracterizada de belleza natural e ingenio humano; su sangre fluye lenta, no importa el dolor de manos y pies entumecidos, paso a paso se avanza por ese muelle congelado y resbaladizo para admirar esa luz naciente y adictiva. 

Sombras y contorno retorcido surgen de la torre y de la balaustrada, como brazos abiertos reciben al turista valiente que desafía al clima, son el resultado de las escarchas del hielo que impíamente forran todo a su llegada. El turista tímido por fin se detiene, sus ojos húmedos contemplan este portentoso paraje. 

Durante el día el Faro de St. Joseph North Pier es prodigioso, emerge en el horizonte como un titán albino que celoso protege el lugar a pesar de tormentas y ventiscas. Con nuestra mirada constatamos como el hielo ha tomado —sin piedad—, posesión de la torre y del muelle. Los rayos tibios del sol son derrotados ante tanto hielo y el viento como un cómplice silencioso se cuela por todos lados. El frío no aminora y se recomienda a los turistas estar presentes frente a este espectáculo por solo minutos, se debe usar ropa apropiada y calzado adecuado, el clima es impredecible e implacable solo una majestuosa construcción puede desafiarlo.